Lu Andino reflexiona profundamente sobre el concepto de espiritualidad y su desarrollo en la vida cotidiana y la crianza de los niños.

La oradora define la espiritualidad en cuatro pilares: la observación de uno mismo, la conexión con los demás y el entorno, la contemplación de la naturaleza y el contacto con un elemento intangible (como Dios o la Fuente).

Se establece una clara distinción entre la espiritualidad, descrita como inmensa como el mar, y la religión, vista a veces como una estructura contenida, argumentando que la espiritualidad es fundamental para desarrollar una empatía genuina en un mundo que lo necesita urgentemente.

Finalmente, se destaca la importancia de permitir que los niños confíen en sus percepciones y evitar imponerles construcciones de creencias adultas, cerrando con una mención a la improvisación y el juego.

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